El color — el filtro decisivo que casi nadie aplica
Es el más determinante y el menos usado. La misma camisa blanca deja a una persona con cara de descansada y a otra con cara de enferma, y no es la camisa lo que cambia: es la relación entre el tono de la prenda y el subtono de tu piel. La colorimetría personal es eso, sin misticismo — medir si tu piel tira a cálida o a fría, cuánto contraste hay entre tu piel, tu pelo y tus ojos, y elegir los colores que trabajan a favor de eso. Un ejemplo concreto: dos personas se prueban el mismo jersey gris medio bajo la misma luz; a una le marca las ojeras y le apaga la boca, a la otra le limpia la cara. No es cuestión de gusto, es de temperatura. Quien acierta con el color necesita la mitad de prendas, porque todo lo que le queda combina con todo.